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La Alianza del Pacífico, la única esperanza para América Latina

Martes 3 de febrero de 2015

En poco menos de tres meses, la Alianza del Pacífico (AP) celebrara su cuarto aniversario. Fundada el 28 de Abril de 2011, la AP es un bloque comercial cuyo principal objetivo es promover una mejor integración entre sus miembros a través del libre comercio.

Compuesta por México, Colombia, Perú, y Chile, la AP representa un modelo de integración económica fundamentalmente diferente, si se le compara con el de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), respaldada por Venezuela, y el Mercosur, dominado por Brasil. Los cuatro miembros de la AP han rechazado completamente a estos modelos populistas que protegen a las industrias de la competencia extranjera, en vez de abrirse al libre mercado y al libre comercio.

Lamentablemente, la historia de America Latina ha sido marcada por múltiples esquemaspanamericanos para integrar la región que terminan fracasando una y otra vez. Los argumentos sobre porqué estas medidas fallan abundan: factores culturales, imperialismo estadounidense y limitaciones geográficas, son algunos de los más citados. Pero estas explicaciones son deterministas, y hacen que la región se vea como una víctima de las circunstancias y no como la única dueña de su destino, del cual es. En última instancia, el fracaso de América Latina en su desarrollo e integración es su propia responsabilidad.

La principal razón de porqué el intento de muchas naciones de integrarse a la AP no ha llegado a buen puerto está relacionado con sus constantes negativas a adoptar políticas de libre comercio y de respetar el Estado de Derecho. La AP, incluso en sus inicios, representa la mejor esperanza para que América Latina pueda alcanzar una genuina visión panamericana para la región,y así poder disfrutar de los frutos de la prosperidad económica.

La base del éxito

La AP está constituida por países que no solo tienen políticas de libre comercio, sino que además están comprometidos en promover la democracia y el Estado de Derecho. Encabezados por Chile —el país con mayor libertad económica en América Latina, y recién acompaño a México siendo los únicos países de America Latina que son miembros de laOrganización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos— la AP ha dejado claro que la ruta populista para el desarrollo no está en la agenda. Aunque otros miembros de la AP no sean tan desarrollados como Chile, en los últimos años, cada uno de ellos han comenzado a dar los pasos correctos para poner sus economías en orden y tomar medidas drásticas contra la corrupción política.

El libre comercio es la piedra fundamental de la prosperidad económica. Observemos a cualquiera de los desarrollados países de primer mundo alrededor del planeta. Regímenes arancelarios bajos, pocas barreras para viajar, y controles de capital casi inexistentes caracterizan a la abrumadora mayoría.

El proteccionismo y otras barreras al comercio son primitivismo económico, puro y simple. Seguir la fórmula proteccionista es un pasaje de ida la mediocridad económica y al subdesarrollo. No hay atajos ni caminos fáciles a la prosperidad. Los países o se abren a ello, o se hunden.

Si América Latina quiere librarse de las cadenas de la mediocridad y el estancamiento, deberá seguir la vía del libre mercado

La Alianza del Pacífico puede mirar a la Unión Europea (UE) para inspirarse en crear un pacto de integración. Lo que comenzó como un humilde pacto comercial entre seis países, se ha transformado efectivamente en una amplia unión político-económica formada por 28 países.

Pese a la dífcil situación en la que se encuentra, la UE trajo consigo niveles históricos de estabilidad a una región que históricamente ha sido desgarrada por las guerras.

Lo que la AP puede aprender de la UE es a enfatizar una liberalización económica masiva y la promoción del Estado de Derecho entre sus miembros.
Por otro lado, la AP debería ser cautelosa de evitar seguir la visión utópica de UE de intentar unificar distintas culturas bajo un solo aparato de Gobierno o intentar centralizar la actividad económica a través de la banca central.

Durante mucho tiempo, América Latina ha estado sumida en una crisis económica. No importa la cantidad de veces que se denuncie a Estados Unidos, el hecho de que esta mediocridad es culpa de los propios países de la región es algo que no se podrá cambiar.

La Alianza del Pacífico representa una alternativa positiva al defectuoso modelo del Mercosury otros esquemas populistas. Si América Latina quiere librarse de las cadenas de la mediocridad y el estancamiento, deberá seguir la vía del libre mercado.

No desperdiciemos esta oportunidad única en la vida. Es tiempo de dejar el populismo y proteccionismo donde pertenecen; en el basurero de la historia.

José Alberto Niño
Analista Círculo Acton Chile

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El irresponsable marxismo del Dalái Lama

Lunes 2 de febrero de 2015

Durante una conferencia sobre la paz mundial en Calcuta, India, este 13 de enero, el Dalái Lama se describió a sí mismo como “un marxista”. Aunque negó pertenecer a la vertiente leninista, el líder espiritual tibetano en el exilio culpó en parte al capitalismo por la desigualdad en el mundo, y denunció la “creciente brecha entre los pobres y los ricos” en países capitalistas.

Uno podría pensar que con el colapso de la Unión Soviética, la liberalización de la economía China desde la década de 1970, y la crisis de los modelos colectivistas en América Latina, esta ideología europea del siglo XIX tiene los días contados. Pero el fantasma del comunismo continúa recorriendo las esferas del poder internacional.

El Dalái Lama y otros intelectuales podrán decir lo que les atrae de la ideología redistribucionista, pero la realidad cuenta una historia diferente. Es una triste historia llena de imágenes espeluznantes de muerte y destrucción, que se prolongaron durante el siglo XX y continúa causando todo tipo de estragos en países como Venezuela.

Por las élites, para las élites

A pesar del énfasis que en el rol del proletariado, el marxismo ha sido frecuentemente liderado y financiado por las élites políticas y económicas. Incluso el compañero de Marx, Friedrich Engels, fue parte de la mismísima clase empresarial que él despreciaba.

El ejemplo más notorio de nuestros tiempos es la boliburguesía en Venezuela, los burgueses de la Revolución Bolivariana, que se deleitan en el Estado chavista a costa de los ciudadanos de a pie.

El marxismo, como cualquier otra ideología estatista, siempre terminará siendo encabezadopor una élite hambrienta de poder. Es irónico que el Dalái Lama, cuyo pueblo ha sido víctima de una de las vertientes más violentas del marxismo durante el Gobierno de Mao Zedong, adhiera a esta ideología. Pero no es tan difícil hacerlo cuando el decimocuarto dalái lama no está sometido a las consecuencias de la ideología que apoya. Como la máxima autoridad de la clase gobernante de una supuesta sociedad “sin cases”, viviendo a expensas de millones de personas en una sociedad cuasi-medieval, son pocos los incentivos para el líder espiritual para evaluar la insensatez de sus palabras.

No sean engañados por el intento de enmarcar los problemas de la sociedad como una lucha entre las masas y la élite. Al final del día, el marxismo siempre reemplaza a los gobernantes con gente de su propio núcleo. Un politburó que vive una vida lujosa mientras el pueblo al que dicen representar tiene que esforzarse incluso para conseguir comida. Los sistemas capitalistas puede que no sean perfectos, pero al menos genera las oportunidades para progresar para poder escapar de la pobreza, un hecho que los Gobiernos marxistas niegan por completo.

La religión del estatismo

La estrategia del Dalái Lama de vender conceptos fracasados a través de palabras de moda como “justicia social” y “humanismo” no debería hacernos olvidar que el Diablo se esconde en los detalles. En última instancia, la institución villana es el Estado, responsable por el “democidio” de cientos de millones de personas en el siglo XX.

No importa si es marxismo, fascismo, social democracia, o keynesanismo, todas estas ideologías incluyen desde una significativa a total interferencia del Estado en la vida de las personas. Incluso las formas mas moderadas de políticas “progresistas” pueden transformarse con el tiempo en Estados totalitarios. Cuando el Estado obtiene un pizca de control no pierde oportunidades en expandirlo.

Marx puede ser que haya estado en lo correcto al referirse a la religión, en una frase frecuentemente mal citada, como el opium des volkes — “el opio de las masas”. La religión organizada, según si visión, es el resultado de una creación humana hecha en condiciones de desesperación, “una protesta contra el sufrimiento real”. Lo mismo puede decirse de esas ideologías —desde el fascismo al marxismo— que ofrecen una solución ilusoria a los problemas reales del mundo mediante la adoración del Estado.

Debemos, en cambio, abrazar la libertad, de una vez por todas, para sacudir a estos falsos ídolos.

José Alberto Niño
Analista Círculo Acton Chile

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El vanguardismo de Chile amenazado

Martes 27 de mayo de 2014

Por más de treinta años, Chile ha sido un referente de la libertad económica no solo para América Latina, sino también para al mundo. El éxito económico de Chile deja claro que cualquier país de América Latina puede superar la pobreza y sumarse a las filas del mundo desarrollado en la media en que adopte políticas orientadas al libre mercado.

La realidad pura y dura es que la pobreza no se rige por el determinismo: Puede ser superada a través de políticas adecuadas. La mayoría de los países de Occidente y los cuatros tigres asiáticos saben esto perfectamente.

A pesar de la prevalencia de la izquierda en el entorno político chileno en los últimos veinte años, el modelo económico del país permaneció intacto pese a los esfuerzos marginales para cambiarlo. Pero desafortunadamente Chile ha comenzado a oír los cantos de sirena del socialismo al estilo europeo, sobre todo tras la elección de Michelle Bachelet. Y esta vez hay razones para preocuparse.

En el corazón del asunto está una izquierda chilena radicalizada tras las protestas estudiantiles encabezadas por Camila Vallejo, diputada del Partido Comunista, que ha propuesto varias medidas que cambiarán notablemente el sistema económico que ha llevado a Chile a la vanguardia de la región. La más destacada de estas reformas es la implementación de la educación “gratuita”, que fue acogida por la presidenta Michelle Bachelet durante su campaña electoral y que está dispuesta a respaldar con una reforma tributaria. De hecho, Bachelet ya aprobó el primer proyecto de la reforma educativa: La prohibición del lucro en las escuelas subsidiadas.

Cabe destacar que las reformas tributarias propuestas por Bachelet son de corte europeo/socialdemócrata, que consiste en aumentos de impuestos y un conjunto de regulaciones sobre el mercado en nombre de combatir la desigualdad. A simple vista estas reformas parecen ser inocuas, pero cuando se trata del estatismo y la intervención económica, el diablo está en los detalles. Todo servicio estatal que supuestamente es “gratuito” en realidad tiene un costo muy real que recae sobre los contribuyentes.

El intervencionismo, ya sea el de los Estados de bienestar que caracterizan hoy en día a Europe, o el del comunismo nefasto del Siglo XX, está condenado al fracaso, tal como lo señalo el premio Nobel FA Hayek en su obra maestra, “El Camino a la Servidumbre”. El capitalismo imperante durante finales del Siglo XIX hasta mediados del Siglo XX, antes del establecimiento del Estado de bienestar moderno, es el que en realidad creó los cimientos del éxito económico de Occidente y un nivel de riqueza sin precedentes. Pero nuestros amigos socialistas creen que las cosas sucedieron al revés: Que el Estado de bienestar es la causa principal del éxito económico de ciertos países, especialmente de los países nórdicos.

Lo que está ocurriendo en Chile, al igual que en el resto de América Latina, no es un suceso aleatorio, sino un esfuerzo concertado de la izquierda de América Latina para desacreditar los éxitos evidentes del capitalismo. América Latina es una región que se ha visto azotada por la intervención económica en muchas de sus formas. Los nefastos resultados de estas políticas son evidentes a simple vista. Sería una tragedia que la región insistiese en cometer los errores del pasado.

Por otro lado, la derecha chilena, bajo el mando de Sebastián Piñera, contribuyó a desplazar la ventana Overton hacia la izquierda con sus políticas tibias.
Como Argentina al principio del siglo XX, Chile ahora se encuentra en la vanguardia de la región: Es un país caracterizado por instituciones modernas, alto nivel de desarrollo económico y estabilidad económica. Chile no debe caer en la misma trampa que Argentina sufrió a mediados del siglo pasado. Ahora más que nunca, es hora de que Chile reafirme los principios que lo condujeron a su éxito económico. Básicamente, Chile debería redoblar sus esfuerzos de liberalización al estilo de Hong Kong y Singapur. Esto implicaría rebajar impuestos, quitar barreras burocráticas para la apertura de negocios, y por último, pero no por ello menos importante, acabar con el monopolio de la banca central e instaurar el libre comercio en las monedas.

Chile atraviesa un momento histórico clave en el que podría optar por ampliar su libertad económica o caer rendido a los cantos de sirena del estatismo. Si opta por esta última posibilidad, se convertirá en otro trágico caso en el que un país fracasa bajo el azote del socialismo.

José Alberto Niño
Analista Círculo Acton Chile

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Aborto: Cortina de humo para el estatismo chileno

Martes 20 de enero de 2015

La reciente renuncia de la ministra de Salud chilena, Helia Molina, ha causado conmoción en los círculos políticos de su país. Molina tomó la decisión después de su polémica declaración de que algunos cuicos (chilenos de clase alta) llevan a cabo abortos ilegales.

La exministra sugirió que tales ciudadanos, dado su estatus económico, actúan al margen de la ley y pueden hacer lo que quieran. Es una afirmación audaz, si se tiene en cuenta que Chile posee uno de los marcos legales más estrictos del mundo en contra del aborto.

Cuando uno lo analiza con mayor profundidad, estas declaraciones hechas por Molina —y el control de daños realizado por la administración de Michelle Bachelet— son inteligentes maquinaciones políticas, que distraen a la población de aquellos problemas más serios que la afectan. Agregue un poco de retórica de conflicto de clases y tendrá la perfecta cortina de humo política para alterar a las masas.

Esto se asemeja a la estrategia de utilizar asuntos que dividen a la población —como el matrimonio gay y el aborto en los Estados Unidos— para distraer la atención de asuntos cruciales relativos a la economía y las libertades civiles. Desafortunadamente, “la política de siempre” es una dinámica que se reitera en todo el mundo.

Una cosa es cierta: es altamente improbable que haya reformas sustanciales sobre el aborto, dada la parálisis cultural y política que seguramente se enfrentaría.

No obstante, el Gobierno de Bachelet camina sobre arenas movedizas en otros aspectos. Losnuevos impuestos que impuso el Gobierno y las reformas laborales han generado una vasta incertidumbre económica y oscuros pronósticos en la inversión extranjera. En la misma linea, el sindicato de profesores, de la misma coalición que Bachelet lidera, ha protestado en contra de las reformas educativas.

Con su impopularidad aumentando, Bachelet necesitaba algo para distraer la atención sobre ella y sus controvertidas reformas. El incidente de Molina lo logró. No solo desvió la atención, sino que además sirvió como un caballo de Troya para promover una mayor intervención del Gobierno en el sector médico.
El recurso de Molina, la retórica de la guerra de clases, fue un movimiento inteligente para encauzar el sentir público en favor de un enfoque más intervencionista para resolver la “crisis de la desigualdad” en el acceso a la salud.

Molina pudo haber quedado fuera del cuadro, pero definitivamente cumplió su propósito al promover una agenda más intervencionista para Bachelet.
El aborto no es un tema de risa. Me considero a mi mismo pro vida y creo que el Estado y la sociedad civil deberían tomar las respectivas medidas para prevenirlo. Al mismo tiempo, cuando está bastante claro que el marco legal no será modificado pronto, estos recientes desarrollos huelen a motivo escondido.
Los ciudadanos políticamente conscientes deberían ser sabios y mirar más allá de los espejitos de colores que plantean estos temas que dividen a la sociedad y desvían la atención de otros asuntos cruciales que afectan a todos los habitantes y que, en el caso de Chile, podrían derivar en un aumento de la intervención del Estado en la economía y la sociedad civil.

Desafortunadamente, esta es la engañosa naturaleza del Estado. ¡En guardia, ciudadanos!

José Alberto Niño
Analista Círculo Acton Chile

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La fatal arrogancia de nuestros políticos

Jueves 15 de enero de 2015

Luego de una larga jornada en el senado se terminó con el sistema electoral: binominal. A pesar de la argumentación de algunos parlamentarios, la Nueva Mayoría hizo valer su nombre. Se acabó con un sistema que desde hace ya mucho, tenía sus días contados.

No fue un objetivo como la reforma educacional o tributaria, el desarrollo de este proyecto es, más bien, parte de un interés político de un sector que tiene una mayoría de escaños.

Un argumento al que se recurrió para desarrollar este proyecto fue: “el sistema binominal se hizo para favorecer a un sector político”. Claramente el proyecto de reforma al sistema electoral que se está llevando a cabo, responde al mismo objetivo: ¡beneficiar a un sector político! La argumentación en base a esta idea, del beneficio a un sector en el sistema actual, consiste en una hipocresía, ya que ahora se legisla para beneficio de un determinado sector.

Parece que el gran problema del sistema binominal es su origen. La clase política parece no perdonar ciertas cosas que siendo buenas y útiles para el país, han tenido su origen en un período de la historia de nuestro país. Se cree hoy, por esencia, que todo lo nacido en el gobierno militar es malo. La ideología deja ciegos a muchos y no les deja ver que hay cosas que son muy rescatables y han sido parte del desarrollo chileno, entre ellas: el binominal.

Este sistema electoral lleva unos años en vigencia y ha demostrado ser una gran herramienta para la democracia, ya que permite una estabilidad política y sirve, en gran medida, para conseguir una representación más amplia de todo el espectro político y no solo de algunos.

Este sistema ha sido el medio por el cual se moderan coaliciones políticas y llevarlas a consensos. Se ha permitido que se haya tomado el camino que ha llevado a Chile a la prosperidad que ha tenido en las últimas décadas. En resumen, el sistema binominal es parte de lo que ha llevado a nuestros dirigentes políticos a acuerdos que han beneficiado a todos. Y hoy, movidos por la ideología, se quiere acabar con este sistema.

Otra arista importante de esta reforma al sistema electoral es el redistritaje y el aumento de parlamentarios, elementos que tampoco han sido frutos de la búsqueda de lo mejor para el país. Más bien, han seguido la lógica de llegar a acuerdos entre parlamentarios y se ha dejado de lado el porqué se está realizando todo este cambio.

El nuevo sistema de redistritaje viene con el afán de tener un nuevo grupo de parlamentarios. ¿Acaso queremos más personas legislando? La verdad es que este aumento se justifica en llegar a la “igualdad del voto” (o lo más cercano a eso) pero la forma en que se quiere ejecutar esta idea carece de fundamentos y no sigue una lógica clara. Ciertamente, la forma en que se va a realizar esto responde a un interés político (de votos en el senado) antes que a favor de Chile y los electores.

Pero no son solo las inconsistencias el error en el que incurren sino también en el desarrollo de nuestra regionalización y en el proceso de descentralización. En estas áreas también repercuten las medidas que se llevarán a cabo. Pues un redistritaje en la forma que está planteado, apunta a “centralizar” a las ciudades de mayor población, alejando a los pueblos más chicos de sus parlamentarios. Esto es, como diría la ahora cuestionada senadora Ena von Baer: “una pena”.

Las discusiones en torno a esta reforma pueden terminar siendo perjudiciales para el país y si no se corrigen las inconsistencias y se empieza a trabajar a favor del país en vez de a favor de los políticos, mucho no puede esperarse del futuro institucional de Chile ¿Será este el inicio del neopopulismo chileno?

Raimundo Cox D.
Encargado de secundarios Acton Chile

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