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El Líbero

El Muro de Berlín, el derrumbe del modelo… 25 años después

Lunes 10 de noviembre de 2014

Cuando hablamos del muro de Berlín y lo épico de su derrumbe, caída o apertura, nos referimos no tan solo a esa inhumana estructura física sino también al cruento sistema totalitario establecido en la desaparecida República Democrática Alemana. Así es inhumano y totalitario, un régimen que estableció el terror como herramienta para el control de su población, la desconfianza entre las personas y el establecimiento de cruentos sistemas de tortura y supresión de las aspiraciones humanas. Muy poco se suele hablar de este intento de “paraíso en la tierra” por parte de quienes hoy por hoy se autodenominan “paladines de la defensa de los derechos humanos”, en efecto no fueron pocos los chilenos que por la vía del exilio, o auto exilio, arribaron a Alemania del Este posterior al colapso del proyecto de la Unidad Popular, su nula critica o justificación de aquel sistema del terror hasta el día de hoy deja estupefacto por su contradicción o explicación simplista de un “proceso irreversible” que costó la vida de miles de personas y trató de imponer la voluntad del Estado por sobre la legítima esperanza de que cada persona forjara su propio destino y libre búsqueda de su felicidad.

De esta manera la justificación o simple “amnesia al horror” de la izquierda chilena nos hace meditar que estos regímenes totalitarios no tan solo son justificados sino aspirados por algunos de ellos, no por el hecho de justificar a Cuba, Venezuela o Corea del Norte, sino al tratar de establecer una memoria que sea favorable a sus fines políticos y acceso al poder.

La República Democrática Alemana, fue en sí un régimen, en donde el rol del Estado era el principal impulsor y controlador de la vida cotidiana y publica, un Estado policial en donde la inmensa red de agentes, informantes y colaboradores hacían dudar de los vecinos, amigos y familiares. El acceso a sus archivos ha entregado evidencia tangible de cómo el terror, la tortura y los juicios arbitrarios eran cosa cotidiana y su objetivo era mantener una población cautiva, temerosa y con una “lealtad a la causa” que permitiese la instauración del “paraíso en la tierra” bajo la consigna de la lucha de clases.

Sin embargo, aunque trágica, la historia de sus ciudadanos no pudo ser contenida, pues, fueron cientos los que con éxito cruzaron el muro y relataron los horrores de aquel país utópico que muchos veían como modelo, dieron testimonio de la resistencia en la clandestinidad de círculos de lectura, reuniones de escucha de señales de radio de occidente y de qué manera el incontenible espíritu humano esperaba el momento para explotar y ejercer la libertad. De esta forma, es importante comprender que la caída del Muro de Berlín no responde tan solo a una decisión de los jerarcas del bloque oriental por razones de Estado sino también a una incontenible situación social que no iban a poder controlar en el corto plazo, es el espíritu de las personas que ansían libertad que a pesar del terror, los mecanismos de control y la dictadura del hambre impuesta, pueden de todas maneras poner en jaque a uno de los sistemas totalitarios más crueles en la historia del mundo.

Recuerdo aun siendo niño ver cómo esas personas encaramadas en el muro cantaban y se abrazaban, bebían y vitoreaban, y, en algo que para mí era incomprensible en ese momento, escuché las sabias palabras de mi padre: “el mundo cambio”… así fue, pero al parecer la memoria continúa siendo frágil y conveniente para aquellos que aún enarbolan la bandera de “la lucha de clases” y “los procesos irreversibles”. Son 25 años de aquel instante en que realmente el mundo pareció detenerse y comenzar un rápido caminar al volver a creer en las personas, sin embargo transcurrido ese tiempo también nos hace reflexionar que como caen estos regímenes también vuelven a surgir. Es a lo que se refería Tomas Jefferson: “El precio de la libertad es la eterna vigilancia”, de ahí la importancia de la historia y de hacer presente a nuestros jóvenes que quienes propician el paraíso en la tierra lo hacen con alambradas, muros de concretos y terror. En nuestros tiempos aún perduran algunos muros, otros se están edificando fomentados por el populismo y la demagogia, pero lo importante es tener presente que aunque estos muros pasan desapercibidos ante nuestros ojos es necesario estar alertas y tener claro que la libertad es algo por lo que se batalla desde las ideas cada día, pues, hay modelos que ya pasaron de moda.

Francisco Sánchez Urra
Analista Círculo Acton Chile

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A 25 años de la caída del muro de Berlín

Miércoles 29 de octubre de 2014

“Para mí, la República Democrática Alemana era mi vida. Yo trabajé, colaboré, desde el primer momento, por la construcción de ese país. Dediqué toda mi vida a ello y es verdaderamente trágico que ya no exista", Margot Honecker señalaba en el año 2012.

Lo que muchos suelen olvidar es que la atrocidad del sistema totalitario establecido en la República Democrática Alemana, para nuestros jóvenes lectores más conocida como Alemania Oriental, no eran metáforas sino crudas realidades. La construcción de un muro, que algunos denominaron el “muro de la vergüenza” y otros con aires de orgullo “muro de defensa antifascista”, era una de las tangibles pruebas de que cuando el Estado no puede suprimir la libertad de las personas debe encerrarlas.

El muro de Berlín de una u otra forma representa la terrible herencia de una época en donde se trató de reemplazar a las personas por la voluntad del Estado, aquel que unos pocos burócratas planificaban y aspiraban a decidir por las personas. Cuando el libre tránsito nos es común, la opción de elegir parece algo inalterable y la aspiración a proyectos propios parece a la mano debemos reflexionar de la importancia de la libertad y de qué manera la humanidad aspira a ella.

No es casualidad que los flujos migratorios de personas se dirijan a países con mayor libertad y mejores condiciones de vida, es lo que se denomina “democracia de los pies”, hace un poco más de 25 años en Alemania Oriental eso literalmente costaba la vida y muchos estuvieron dispuestos a entregarla, por eso la “caída del muro de Berlín” representa un hito tan relevante en la historia de la humanidad, pues, no es tan solo el derrumbe de una estructura sino que es el triunfo de la humanidad en donde la libertad no pudo ser encerrada ni contenida por el Estado.

En efecto el hito acaecido hace 25 años reafirma el valor de la libertad y confianza entre las personas, la reunificación alemana que tan lejano se vio para una generación es una realidad que ha traído un sinnúmero de desafíos no tan solo en la reconstrucción de ciudades como Dresden sino también en la integración de sus ciudadanos. Es por eso no menor la afirmación que el “muro se abrió”, manteniéndose presente en algunas facetas del quehacer alemán los desafíos por mantener la memoria en torno a tan trágico episodio y fortalecer la democracia. Adicionalmente, el esfuerzo por mantener la tolerancia en vista de un relato terapéutico no tan solo en relación a los horrores del nazismo sino también del socialismo que mantuvo oprimidas a millones de personas.
Para las nuevas generaciones parece ser una historia de ciencia ficción lo acaecido en el siglo XX, un siglo que nos legó un largo expediente de crueldad pero al mismo tiempo de esperanza en el ser humano, en su capacidad creadora. Fue un siglo donde la libertad tuvo una vez más expresiones y defensores que nunca se han callado, que no claudicaron a la comodidad ni al odio fratricida que muchos propagaban a los cuatro vientos. Nos demostró que la humanidad venció a la guerra y que la libertad no puede ser contenida por el arbitrario deseo de quienes temen a la capacidad de las personas y su legítima capacidad de forjar su propio destino.

Quienes de una u otra forma sienten nostalgia por aquel sistema inhumano suelen señalar que todo esto era simbólico, pero poco de simbolismo hay en los millones de testimonios y cientos de vidas entregadas en sus alambradas, poco de metafórico había en las ametralladoras, minas antipersonales, perros y guardias que tenían como objetivo impedir el transitar al mundo libre y muy poco de metafórico hay en quienes justifican uno de los totalitarismos más sanguinarios de la historia.

Francisco Sánchez Urra
Analista Círculo Acton Chile

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